Movimiento ¡Me Like! · Escuchar. Responder. Seguir.

PROPUESTA PARA CENTROS

Pertenencia, participación y apoyo en la vida del instituto.

Escena ilustrativa: tres adultos trabajan con materiales, entre formas azules y reflejos naranjas.

Movimiento ¡Me Like! propone trabajar con los centros para fortalecer una cultura cotidiana de buen trato, pertenencia y participación con respuesta, conectada con los apoyos que ya existen dentro y fuera del instituto.

Conocer el primer trabajo

La propuesta no parte de una actividad idéntica para todos. Cada centro tiene sus fortalezas, sus dificultades y sus recursos.

Por eso comenzamos planteando una preparación con el equipo adulto: reconocer una necesidad concreta, revisar las prácticas existentes y decidir qué mejora merece desarrollarse.

La colaboración de un vistazo

Una preparación, hasta cuatro entregas.

El alcance se adapta a cada centro. El contraste puede ser suficiente para cerrar la colaboración.

  1. Contraste
  2. Diseño adaptado
  3. Preparación adulta
  4. Plan y decisión

Una muestra de formato

Ficha de trabajo

Una forma sencilla de ordenar una mejora y sus condiciones.

Ficha de trabajo Muestra
Prioridad
Acción
Responsabilidad
Revisión
Escena ilustrativa: cuatro adultos conversan y preparan materiales alrededor de una mesa.

Partimos de lo que ya funciona.

Antes de proponer algo nuevo, hay que comprender qué hace ya el centro y qué necesita.

Puede tratarse de mejorar la entrada de un alumno en una actividad, ofrecer una respuesta a las propuestas del alumnado, revisar una práctica de trato cotidiano o aclarar el recorrido hacia un apoyo existente.

Con el equipo adulto se contrastan tres posibilidades:

mantener lo que funciona,

introducir una mejora interna o

valorar una aportación externa delimitada.

Si basta una mejora interna, lo diremos y la colaboración se cierra tras el primer contraste.

El alcance y la cobertura del contraste se acuerdan previamente.

La propuesta debe concretar qué quedará preparado y qué aportará al centro respecto a los apoyos y soluciones con los que ya cuenta.

Tres ámbitos que se conectan.

01

Vida cotidiana. Reconocer y tratar con respeto, dar oportunidades de contribuir y abrir decisiones reales a las propuestas del alumnado.

02

Acceso y respuesta. Aclarar a qué persona adulta acudir, quién recibe, qué sucede después y qué alternativa existe cuando la primera vía no funciona.

03

Centro y continuidad. Adaptar las prácticas a sus instrumentos, acordar responsables, suplencias y devolución, y preparar un relevo que permita mantener lo útil.

Son ámbitos conectados, no tres servicios ni itinerarios obligatorios. La colaboración prepara con el equipo adulto una mejora delimitada según lo que el centro reconozca como necesario. El mapa es organizativo, sin seguimiento individual ni recogida de datos de jóvenes.

Relaciones, ideas y situaciones de la vida del instituto.

Contenidos adaptados a cada centro. Se eligen y desarrollan según las necesidades identificadas y las condiciones de cada fase.

Son ámbitos que el equipo adulto puede explorar según la necesidad del centro. Cualquier trabajo directo con jóvenes requiere acuerdos y garantías propios.

Escena ilustrativa: Jóvenes comparten una actividad creativa en un patio.

Tener un lugar

Acoger a quien llega, organizar actividades con distintas formas de participar y reconocer lo que cada persona puede aportar.

Escena ilustrativa: Una adulta y dos jóvenes conversan con atención en un aula.

Trato, bromas y límites

Comprender cómo se vive una interacción, expresar un desacuerdo y frenar situaciones que excluyen o humillan. Los adultos revisan sus interpretaciones, admiten preguntas y preparan formas de corregir sin humillar.

Escena ilustrativa: Dos jóvenes conversan en un banco del patio.

Escuchar sin cargar con todo

Ofrecer compañía, respetar que alguien no quiera hablar y saber cuándo buscar apoyo adulto. Acompañar es voluntario y tiene límites.

Escena ilustrativa: Una adulta y una persona joven hablan en un pasillo.

Pedir apoyo y saber qué esperar

Conocer las vías de acceso, qué información puede compartirse y quién explica el siguiente paso. Prever una alternativa cuando la primera vía falla.

Escena ilustrativa: Tres jóvenes conversan alrededor de un teléfono.

Relacionarse también en digital

Trabajar presión del grupo, consentimiento y difusión de contenido mediante situaciones educativas, sin revisar cuentas ni recoger capturas personales.

Escena ilustrativa: Una joven comparte una idea con un adulto y dos compañeros.

Tener voz y obtener respuesta

Elegir una cuestión que se pueda cambiar, ofrecer distintas maneras de proponer y devolver qué se acepta, qué no y por qué.

Por ejemplo, si un centro identifica que las propuestas del alumnado no reciben una respuesta clara, se puede trabajar «Tener voz y obtener respuesta» y preparar con el equipo adulto una forma de comunicar qué se acepta, qué no y por qué.

Se aprovechan los recursos y prácticas existentes siempre que resulten adecuados, antes de plantear otros nuevos.

El desarrollo con jóvenes prevé participación voluntaria y accesible, sin exigir vivencias personales. Debe acordarse y revisarse antes de su aplicación.

Así se prepara una mejora.

Tres escenarios de ensayo muestran cómo un equipo adulto puede preparar respuestas ante situaciones habituales del centro.

Escena ilustrativa: adultos preparan una actividad y ofrecen una silla a quien llega.

Entrar en una actividad

Situación: una tarea empieza con grupos elegidos por amistad y alguien queda sin grupo.

Qué se revisa: cómo se forman los equipos, qué formas de contribuir existen y qué puede hacer el adulto para facilitar la entrada sin señalar a nadie.

Qué queda preparado: una consigna ajustada, alternativas de participación y criterios para revisar su uso.

Escena ilustrativa: una adulta propone una idea y el equipo la escucha.

Proponer una mejora

Situación: el centro pide ideas sobre una actividad, pero no se explica qué ocurre con ellas.

Qué se revisa: qué decisión está realmente abierta, quién decide y cómo se devuelve una respuesta comprensible.

Qué queda preparado: una forma de recoger propuestas y una devolución que explique las decisiones.

Escena ilustrativa: tres adultos revisan una carpeta y acuerdan un siguiente paso.

Encontrar apoyo

Situación: un ejercicio plantea que la primera persona adulta no está disponible y que el apoyo necesario podría corresponder a un servicio externo.

Qué se revisa: quién recibe, cuál es la suplencia, qué vía corresponde utilizar y cómo se sabe si el servicio ha aceptado la solicitud. También se examina una alternativa cuando la vía falla o la persona de referencia está implicada.

Qué queda preparado: una explicación del recorrido y de sus límites, con responsabilidades y cuestiones pendientes. Se respetan los procedimientos del centro y del recurso. La conexión con un servicio depende de sus condiciones y de que acepte la solicitud.

Escena ilustrativa de trabajo adulto, integrada en formas azules y reflejos naranjas.

Apoyo al alumnado. Respaldo al profesorado.

Trabajar con el equipo incluye reconocer lo que ya hace bien, compartir las dificultades de su trabajo, preparar materiales utilizables y aclarar responsabilidades. También exige comprobar el tiempo disponible, las suplencias y a quién puede consultar cada profesional cuando una necesidad supera su función.

La responsabilidad de responder y proteger es adulta. Los jóvenes pueden participar, proponer y acompañar voluntariamente, pero no asumen la atención ni la protección de sus compañeros.

La preparación combina estos pasos:

  1. Explicar: precisar juntos la dificultad y la finalidad de la práctica.

  2. Demostrar: presentar una forma concreta de actuar y sus límites.

  3. Ensayar: practicar entre adultos mediante situaciones educativas.

  4. Devolver: identificar qué se entiende, qué falla y qué debe cambiar.

  5. Adaptar: ajustar materiales y responsabilidades al centro.

El ensayo permite revisar la preparación y la carga que añadiría. Si faltan tiempo, respaldo o capacidad de atención, más formación por sí sola no resuelve la dificultad. Conocer cómo vivirían la propuesta los jóvenes requeriría una evaluación específica, con las condiciones adecuadas.

Hasta cuatro entregas para decidir cómo seguir.

1. Contraste. Identificar con el centro una dificultad prioritaria, las prácticas actuales, los apoyos existentes y las alternativas razonables. Este primer contraste también puede concluir que no hace falta continuar la colaboración.

2. Diseño adaptado. Preparar una mejora delimitada, con materiales utilizables, responsabilidades, alternativas y condiciones para su posible aplicación.

3. Preparación adulta. Explicar, demostrar y ensayar posibles respuestas mediante situaciones educativas. Revisar comprensión, dificultades, respaldo profesional y carga de trabajo.

4. Plan y decisión. Dejar claro qué se ha preparado, qué falta acreditar, qué debería revisarse antes de aplicarlo y si corresponde continuar, modificar o cerrar.

El alcance, los recursos y las condiciones de estas entregas se acuerdan con las partes.

Materiales para el centro. Según la prioridad y el alcance acordados: materiales editables para una práctica concreta, una guía de facilitación y escenarios para el ensayo adulto, un mapa organizativo de apoyos y una hoja de transferencia con responsables, alternativas y revisión. Se reutilizan los instrumentos del centro cuando resultan adecuados; no se promete un paquete idéntico para todos.

Del primer contraste a lo que el centro puede mantener.

El proyecto plantea un desarrollo completo, con condiciones propias para avanzar en cada momento:

  1. Reconocer la necesidad. Identificar qué funciona y dónde una colaboración puede aportar algo útil.
  2. Preparar con adultos. Adaptar materiales, practicar y concretar responsabilidades, tiempo y apoyos.
  3. Escuchar y contrastar con jóvenes. Revisar si la propuesta se entiende, resulta pertinente y permite distintas formas de participar.
  4. Aplicar lo acordado. Incorporar una combinación delimitada de prácticas educativas, participación y apoyo.
  5. Revisar durante el uso. Examinar la experiencia, el trabajo que exige y los problemas que aparezcan; ajustar o detener cuando corresponda.
  6. Valorar y transferir. Decidir qué merece mantenerse y dejar materiales y responsabilidades que permitan darle continuidad.

Cada etapa requiere sus propios acuerdos y condiciones.

El trabajo con jóvenes requiere autorizaciones, profesionales, recursos y condiciones de protección propios.

Si se acuerda una participación posterior, habrá distintas maneras de aportar y posibilidad de no hacerlo; representantes y voluntarios no sustituyen por sí solos la perspectiva de todo el alumnado.

Si basta una mejora interna, esa es una conclusión útil.

La revisión vuelve sobre las prácticas y sus resultados. No exige que una persona repita su historia ni que recorra todas las funciones del modelo para recibir ayuda.

Hablemos de una necesidad concreta.

Si trabajas en un centro, ayuntamiento, entidad u organización educativa, puedes solicitar una presentación de la propuesta.

No hace falta compartir información personal del alumnado. Basta con explicar de manera general qué cuestión queréis explorar y desde qué entidad escribís.

Contacto profesional
Joven formando un corazón con las manos. Dentro se lee: «Aquí cabes también».